La pandemia por COVID-19 significó sin duda una paralización de la economía mundial. Muchos sectores debieron adaptarse a una nueva realidad marcada por el aislamiento, las restricciones en movilidad y un retroceso con respecto a las visiones sobre el crecimiento del PBI de cada país. El campo argentino no fue una excepción en este panorama. Pequeñas, medianas y grandes empresas agropecuarias acomodaron su accionar para no perder sus márgenes de producción, a la vez que se tomaron medidas de sostenimiento de ingresos para aquellos sectores más vulnerables.

En el plano de primeras necesidades, las distintas empresas que componen sus sectores, supieron tomar decisiones para hacer frente a una economía en tiempos de pandemia. A su vez, se registraron aumentos en los precios de muchos bienes, lo que terminó por desarrollar una serie de dificultades en materia de acceso a la alimentación y nutrición de la población.
En un panorama en donde detener la actividad fue sinónimo de frenar la exparsión del virus, se recurrió a una serie de medidas. Inicialmente los decretos emitidos durante la cuarentena, indicaban una suspencion de las actividades económicas y sociales. Solo aquellas empresas enfocadas en salud, servicios públicos, seguridad y actividades agropecuarias y de alimentación, podían continuar con su desarrollo, aplicando protocolos y lineamientos sanitarios
Actividades vinculadas con la producción, distribución y comercialización agropecuaria y de pesca; industrias de alimentación, supermercados mayoristas y minoristas, comercios minoristas de proximidad, transporte de mercaderías, entre otros; continuaron desarrollando su función. El objetivo de las medidas adoptadas fue mantener activa la producción de bienes agropecuarios y de alimentos, así como su procesamiento, distribución minorista y comercio exterior, indispensables para la alimentación de la población y para la generación de ingresos.

Pero la interconexión que rige el mundo afectó de manera directa a las economías. La actividad con mayor grado de impacto en este contexto fue la de exportaciones de carne vacuna, sector que había comenzado una recuperación importante, con China como principal cliente. Con la aparición del virus en en el territorio y el cierre de fronteras, se presentaron dificultades para remontar la producción y venta.

Por su parte, la cosecha se vio afectada debido a la interrupción del flujo habitual del ciclo agrícola marcado por problemas de transoprte. Esto se traduce en una reducción de ingresos que limitó la continuidad de la producción. En una encuesta realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo, el 70% de los participantes indicó haber tenido que vender activos, utilizar ahorros o solicitar préstamos para afrontar la crisis.

La Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAMFA), anunció el cumplimiento de las entregas de la máquinas de labranza y siembra, máquinas cosechadoras, de tracción, entre otras; que ya estaban comprometida antes de iniciarse la cuarentena. “Los asociados a Cafma podrán ir cumpliendo con las entregas de maquinaria comprometida para el mercado interno y para la exportación. Una gran cantidad de operaciones fueron acordadas, por ejemplo, en la última edición de Expoagro 2020, por lo que su concreción permitirá afrontar los acuerdos comerciales y mejorará notablemente la disponibilidad de fondos para responder a los compromisos de la industria”, indica el documento de la entidad.

Las actividades agropecuarias recibieron un golpe menor en relación a otros sectores. En los establecimientos agrícolas, lecheros, ganaderos y en las industrias respectivas no se registraron números importantes de contagios. El principal inconveniente para el agro vino dado por complicaciones de circulación sumado a medidas sanitarias que llevaron a un aumento de los costos de producción y distribución.

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